El hombre suele estar solo en algunos momentos. Aunque crea en Dios, su Dios. Aunque tenga familia, amigos, hermanos de sangre y de los otros. Llega el tiempo de una decisión, de tomar una medida, de un cambio trascendental, y se encuentra solo. De repente, inopinadamente, se encuentra solo.
Cuando el hombre se halla en soledad absoluta es cuando descubre toda su debilidad. Se encuentra desnudo, frágil, en estado delicado. Debe accionar su mente al 100 % para poder lograr un cierto equilibrio que consiga hacerlo reaccionar y poder tomar la mejor decisión.
No es un hecho poco común, la soledad del hombre. En la actualidad, en las ciudades de numerosa población, el hombre se siente mucho más solo que nunca. Rodeado de una multitud, caminando en una calle cualquiera de una ciudad cualquiera, el hombre siente que está abandonado a su suerte. También se siente desamparado cuando tiene que ir a votar y siente que ningún candidato lo conmueve. La situación lo violenta, lo hiere, y siente que no puede hacer nada por cambiar el mundo, su mundo.
Pero no es un hombre triste. Muy por el contrario, suele salir todo el tiempo, tiene muchos amigos, una familia numerosa y gran cantidad de conocidos con quienes comparte trabajo, salidas, sentimientos varios. Generalmente estudia, lee libros o revistas, trabaja con una computadora en el escritorio y se actualiza viendo noticieros o leyendo noticias por Internet. También concurre a gimnasios, bares, parques, y viaja de vez en cuando.
Tal vez cree en Dios. Quizás concurre al templo los fines de semana y algunos días de la semana. O tal vez esté convencido de que Dios no es una entidad que el hombre sea capaz de comprender. Incluso puede creer que no existe ningún Dios.
Pero lo que es verdad, rigurosamente cierto, es que en el momento de la gran decisión, el hombre depende única y exclusivamente de sí mismo. Porque es su vida, y porque es el único que puede lograr que los años que camine sobre esta tierra valgan la pena. Quizás, si es afortunado, su Dios lo ayude, sus amigos lo comprendan y su familia lo apoye, pero el mérito de lograr una vida plena será exclusivamente suyo. El que así lo entienda podrá sentir que es responsable de su propia felicidad. Todo a partir de sus decisiones en soledad.
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