¿Alguna vez has dudado? Espero que sí, y mucho. Porque el sólo hecho de dudar nos hace humanos. Porque dudar significa pensar, y pensar es el acto más importante que puede realizar un hombre que quiere superarse y ser mejor.
La soberbia es una gran enemiga del hombre. El soberbio no quiere pensar, le alcanza con lo que sabe, mucho o poco. Sin embargo, la soberbia se encuentra en muchos hombres, en distintos grados.
No admitimos que nos equivocamos, queremos ganar la conversación sin tener razón (aún dándonos cuenta de eso), nos creemos dueños de la verdad, no hacemos caso del consejo de nadie. Eso es ser soberbio. ¿Cómo se combate?
La única forma de combatir la soberbia es que el mismo individuo se dé cuenta de su error, y que dude de su propia capacidad. Cuando el hombre duda, la soberbia se va para no volver. La duda hace pensar, el pensamiento obliga a tomar distintas consideraciones y a fijarse en lo que piensan los demás, y la razón termina imponiéndose, como la mejor forma de llegar a las mejores conclusiones. ¿Queremos combatir la soberbia?, pues inyectemos la duda en nuestros interlocutores.
Cuando alguien hable con una sentencia del tipo “Yo nunca me equivoco” debemos decirle: ¿Estás seguro? ¿Te parece? ¿No será demasiada virtud? Y lo desarmaremos muy fácilmente. Si insiste, entonces nos daremos cuenta de que el hombre es un necio, con lo cual su capacidad de pensar será limitada y no podremos hacerlo dudar. Quiero decir que ya está perdido.
Ahí es cuando nos damos cuenta de que estamos hablando con un político. El político actual es soberbio, se muestra seguro de lo que va a hacer, aunque no sepa de qué está hablando. Y cuando alguien inteligente lo entrevista y le dice que no está de acuerdo con él, se enoja, se ofende e insiste con su idea sin siquiera tratar de debatirla. Insulta a su interlocutor, o intenta degradarlo, se retira del lugar o le niega la palabra. Eso es necedad.
Nuestros políticos actuales son soberbios y necios. No dudan, ni lo intentan. No se los puede convencer de cambiar su actitud. Por ende, no piensan. Incluso tengo la sospecha de que todo es una máscara de soberbia, porque muchos parecen no estar preparados para su tarea. Lo cual es mucho peor. ¿Cómo cambiar eso?
Dicen que nuestra mejor arma es el voto. Tal vez sea cierto. Claro, no podemos hablar con ellos, están demasiado alto. Pero podemos darle la espalda. Podemos darle confianza a otro. ¿Y si el otro es peor, o tan soberbio y ciego como los demás?
Debemos seguir insistiendo, hasta encontrar a alguien que realmente use la cabeza, que piense, que se preocupe y dirija, en el mejor sentido de la palabra. Dirigir para salir de la crisis y para lograr una nueva camada de políticos pensantes y eficaces. ¿Lo lograremos?
No en un corto plazo, pero no está de más insistir con la idea, hasta que alguien aparezca en el horizonte, capaz de pensar el futuro, pensar en nosotros, pensar en la sociedad y en todas las cosas que deben cambiar.
Soy optimista, el líder y ejemplo que necesitamos va a aparecer algún día, y la sociedad (hablo de la Argentina, pero sé que puedo representar a muchas otras sociedades en estado precario como la nuestra) se renovará y reformará. De otra forma, terminaremos ardiendo en el infierno.
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