Creo, sin temor a equivocarme, que la cantidad de personas estúpidas, si se hiciera un censo medianamente realista, nos sorprendería. No hablo desde el pedestal del que sabe todo, al contrario, lo digo desde el llano, desde la perspectiva más descarnada del hombre común.
Pero los estúpidos son difíciles de detectar, en muchos casos uno creería que no lo son, hasta que se manifiestan en el momento menos pensado y nos causan graves trastornos. Es que ser estúpido no impide ser inteligente, no impide ser por ejemplo un gran pintor (hablando de pintores, siempre recuerdo que Dalí proclamaba que todos los pintores genios eran estúpidos, menos él, claro) o un excelente ingeniero, y mucho menos impide ser un político, presidente de un gran país, una persona influyente, un gran industrial o un genio de las finanzas. El ser estúpido será estúpido por sobre todas las cosas, aún a pesar de su posible genialidad o inteligencia.
En cuanto a sus actos, y esto es lo verdaderamente increíble, el estúpido podrá dañar a mucha gente, podrá ser un ángel de la maldad, de forma totalmente gratuita e inclusive con gran daño para él mismo. Sólo porque es un estúpido. Eso lo hace mucho más peligroso que un malvado puro. Por esa temeridad casi inconsciente de la estupidez puede dañar a mucha gente, incluso a él mismo. Por eso el estúpido no es previsible sino hasta último momento, ya que nadie piensa que una persona puede hacerse daño a sí misma a propósito.
No nos debe llamar la atención que los que no son estúpidos (perdón por repetir tanto la palabra, a mí también me disgusta, pero no quiero poner sinónimos, ya que soy de la idea de llamar a las cosas por su verdadero nombre) NO NOS DAMOS CUENTA del grave error que significa dar un breve espacio de poder a los estúpidos, relacionarse con ellos, hacerles caso, darles un espacio en nuestras vidas. Por lo general los que no son estúpidos minimizan el cálculo de las posibles consecuencias de aliarse con estúpidos.
Creo que es posible la combinación en una sola persona de la estupidez y la malicia, pero entre dos seres, un estúpido y un malvado, me quedo con el malvado, porque al menos será en cierta forma previsible, podremos prevenir el daño que pretende causar, porque conocemos su forma de pensar y de actuar. El caso del estúpido es distinto. Jamás podremos saber de dónde viene el golpe, e incluso más de una vez caeremos en la trampa junto al autor de la estupidez.
Esa es la manera como se manifiesta la estupidez humana. No hay cura para estas personas, y pueden estar entre nosotros aunque se manifiesten como personas sabias e inteligentes o talentosas. Cuidado, la estupidez acecha. Lo bueno es que para los no estúpidos no parece ser contagiosa. Al menos no hay prueba de ello.
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